Cuadras de un encuentro en La Habana: “Casa Tomada III”

 

 

A / 1

En el cuento de Cortázar se habla de una casa amplia y una relación filial. El edificio de Casa de las Américas bien podría servir de locación para una adaptación fílmica de esta historia: un vasto conjunto de salas y pisos alberga al equipo de trabajo y sus actividades. La fachada del edificio me hizo pensar en ciudad gótica y el palacio de tribunales de Valparaíso. Que el encuentro lleve el nombre del cuento, aparte el afecto recíproco Cuba-Cortázar y la intención “okupa” que el texto promueve, entraña, creo yo, una doble metáfora de la isla y el trabajo artístico, espacios ocupados por una voluntad utópica. En Cuba la vida acontece dentro de un proyecto político que intenta realizar la utopia igualitaria; en el arte acontecen creaciones que componen utopias como símbolos o correcciones de la realidad.

Cualquier traducción de las superficies o pasajes de la isla, se enfrentará en su tarea a la observación de la lucha diaria en el trabajo, al amor por la vida como celebración del cuerpo, a la historia colonial capitalista y a la revolución socialista, entre muchas otras cosas que se perciben en las calles, en los archivos, la arquitectura, la música, la pintura, la literatura cubanas.

Para un plan de roce con las materias de la ciudad, la primera adaptación es la monetaria, pues coexisten dos monedas. Este hecho me acompañó en una serie de confusiones y descubrimientos que llamaban a la asociación contínua de mundos paralelos. Esta sensación de dualidad se hacía cómica, a nivel epidérmico, cuando algunos espacios contaban con aire acondicionado, estableciendo una frontera radical entre la temperatura ambiente, natural, y las climatizadas, como la de algunos restoranes, un teatro que visité o la sala de esperas de la embajada de Polonia.

 

2 / B

Quise participar en “Casa Tomada III” porque me pareció la oportunidad justa para conocer Casa de las Américas, reconocida en el continente por los premios que otorga, por las revistas que prepara, por los libros que publica, etc. Mi interés radicaba en la posibilidad de observación directa de su funcionamiento (infraestructura, equipos, documentos, etc), todo lo cual pude apreciar en el encuentro y después, entrando y saliendo del edificio central, la hemeroteca, la biblioteca, en días de lectura y conversación. Pude observar, por ejemplo, el enorme trabajo de digitalización del acervo editorial (revistas), musical (vinilos, cassettes, cds) y fílmico que la Casa ha reunido desde 1959. La meta es poner este material a disposición del usuario digital, lo que ya se hace con algunos números de publicaciones impresas descargables (varios de la revista “Casa”).

Su capacidad de gestión y movilización de fuerzas quedó demostrada con “Casa Tomada III”, un encuentro convocado para jóvenes artistas y escritores del continente menores de cuarenta años. La definición de un programa de mesas, desmarcado en general de la rigidez del bautizo académico, permitió que los temas se cruzaran en los diferentes paneles y que una reiteración de los viejos problemas latinoamericanos (mutuo desconocimiento, desintegración, desigualdad, dominio oligárgico, entre otros), más la confluencia de prácticas artísticas actuales, se intersectaran. El programa incorporó también música, teatro, cine, instalación y medios digitales.

 

C / 3

En “Casa Tomada III” se presentaron varios escritores y artistas de otras disciplinas. Además de compartir obra, muchos tuvimos que reflexionar sobre alguna temática adyacente o central a ella (territorio, crítica, gestión, traducción, etc). Creo que un par de generaciones recientes fuímos “casi” liquidadas por la historia convulsa de la política mundial del siglo XX. Los noventa fueron un remanso nihilista al que había que agarrarse para configurar algo de identidad. Crecimos en la infancia profunda, en hogares con o sin “biblioteca paterna” (Germán Carrasco dixit), nos desarrollamos en contextos de inoculación neoliberal y terrorismo de estado, abrazamos melodías rabioso-depresivas nacidas en el norte, exitismo, impunidad, naturalizados en la preocupación económica y la deuda. Siendo menores de 40 años (o por ahí), compartimos toda una tierra abonada para el olvido y la neutralización. Nos salva la porfiada memoria. No sé si ella tiene en sí un contenido político, pero sus caminos hacia la emoción despiertan afectos cuyo significado podemos leer políticamente. En esta punta de nuestras vidas la memoria comienza a ebullir a una distancia propicia para observar el pasado personal e histórico, provocando las obras que seremos, o no, capaces de realizar.

 

4 / D

Un encuentro dentro del encuentro, nos reunimos en Cuba con Claudio Gaete Briones, poeta y traductor chileno. La escritura de Claudio es un ejemplo de que ese “casi” de la liquidación generacional en manos de la Gran Política, es el trazo de una salida, la grieta por donde la memoria se cuela para encontrar sus raíces. Se necesita solo esa pequeña abertura para jalar fuerte y abrir el juego, la cancha:

 

entre las islas del reloncaví

los juncos navegan en dalca

un hombre se pone de pie en la bruma

para avistar una playa   una mujer

jadea bajo pieles de lobo marino

están esperando   un hijo

están teniéndolo   lo

está pariendo   partiéndolo

del agua del amnios

al aire que irá remando

curanto en que sueñe

y dé su luz

 

(mink’a, 2012)

 

En una mesa sobre circuitos alternativos de producción cultural, Claudio presentó su libro “Relaciones, 9 poetas del Caribe y África”, traducción del francés que estos poetas escriben (a excepción de Kamau Brathwaite, que lo hace en inglés jamaicano). Claudio ha escogido para su abastecimiento verbal, además de los frutos inesperados y radiantes de la nemosine personal (colectiva, chilena, mapuche-quechua), estas otras fuentes, que conservan el componente ancestral africano mezclado con las lenguas impuestas y las surgidas del choque, lenguas criollas y raras, asonantes y rebeldes al oído culturalmente adiestrado. Sin duda, un libro “alternativo” para el medio chileno o sudamericano, que presta poca atención al Caribe y África, pero justamente por ello publicación necesaria y útil al conocimiento de esas escriaturas que son parte de la comprensión integral de la cultura americana.

 

E / 5

Paramos la oreja en tres lecturas de obra literaria. En una generosa ampliación del arco, oímos un guión de cine puertoriqueño. Varios narradores se presentaron, también poesía.

Llamó la atención de los oyentes el uruguayo Jorge Alfonso, por la simpatía que provocaban sus historias “under” en Montevideo. Con calma pude apreciar después los cuentos breves de su libro “Micromundos”. Buen conversador, me puso al día de unos 40 años de política uruguaya, un país que actualmente intenta colocarse a la vanguardia en sudamérica, controlando el cultivo y la distribución de marihuana.

La lectura del peruano Ezio Neyra, que compartió un fragmento remitente (padre-hija) en clave catastrófica, me pareció más bien plana. En la web no hallé nada de Neyra para abundar en la escucha, a excepción de un comentario crítico a “Tsunami”, cuya observación sobre el condicionamiento de las solapas que llaman a los autores “promesas”, según diarios a los que importa bien poco la literatura, suscribo.

Otra escucha fue la del argentino Iosi Havilio, trama superpuesta, densa, enredadera que de todas formas logró hacerse del oido, sentido impuro, graciosamente atrofiado por las hablas raras y la kultur local. Aunque no entendí a cabalidad el fragmento, comprendí que Iosi trabaja con el lenguaje y sus desafios, al cabo lo único que importa.

El colombiano Carlos Aguasaco leyó unas anécdotas de metro y un poema panfleto compuesto por segmentos de nombres propios (mujeres asesinadas en Ciudad Juárez), unidos por un alegato justiciero que daba paso a la siguiente lista onomástica, precario desde mi punto de vista. Antes, en una especie de “mesa crítica”, Aguasaco había leído un texto donde reciclaba con gracia a los “poetas jóvenes” del siglo de oro.

Oímos al paraguayo Juan Ramírez Biedermann. Leyó “Los pasares”, detallada toma de un mismo personaje, un viejo sentado frente a la calle viendo pasar el día, que ominosamente se va proyectando en nosotros mientras acompañamos su rutina, envueltos en los rumores de una ciudad, Asunción, que Ramírez Biedermann logra hacernos percibir en las cosas que nombra y enfoca. Inevitable fue acordarme de la canción de Luca, “El hombre del Paraguay”, una excepcional canción de miradas que se cruzan (también a Ramírez Biedermann le gusta tomar la guitarra y hacer ruiditos en ciudades que se duermen).

 

6 / F

En 23 con G hay un café literario muy activo, jóvenes fumadores beben café endulzado y dialogan con efusión. Al fondo hay libros. En el azar de la estanteria me aguardaba “El mandarín”, y su autor, el portugués José María Eca de Queirós. El viejo truco del pacto con el diablo es reversionado por Queirós, tentando “el cachudo” a un apacible letrado de Lisboa. El pacto se sella previa inducción por sobredosis de lectura y el remate de la aparición en persona del mismísimo (aunque el amunense no se la crea). El inquietante individuo, pues el letrado sólo debe tocar una campanilla para convertirse en  magnate, le hace ver: “–Éste es su problema, estimado Teodoro. –¡Veinte mil reis mensuales son una verguenza social! Por otro lado, sobre esta Tierra existen cosas prodigiosas: hay, por ejemplo, vinos de Borgoña, como el Romanée-Conti del 58 y el Chambertin del 61, que cuestan de diez a once mil reis la botella; y cuando se ha bebido la primera copa, nadie dudaría en asesinar a su padre para beber la segunda…”. Luego el hombre expone otras ofertas –el cuerpo femenino, claro está, como una de las máximas ambiciones– y la historia prosigue dentro de un marco genial de descripciones y aventuras de Teodoro por las expoliaciones de la culpa y el placer.

En esa misma estantería del café literario encontré un texto cuyo título atraía de sobra: “Das Kapital” (1997). Se trataba de esquemas, diagramas, juegos tipográficos y fábulas conceptuales, páginas experimentales compuestas entre el 92′ y el 93′ por C. A. Aguilera. Me acordé de la trama económica de la isla, que a veces la palabra se retuerce para exponer la entraña de un discurso, vacío contra vacío, soledad contra soledad, período especial de la mente. Como el universo de las relaciones sociales puede deducirse, por ejemplo, de los elementos que participan en la composición de un mojito (en ese café los hay en moneda nacional), comprendí que en ese “Das Kapital” cubano quería colarse un mensaje cifrado al estilo de una epifanía por acumulación: “(e / s decir: con la sotana negra de los que cortan la carne);… ¿a / cuánt-o / asciende la carne podrida de un maestro en / alemania?, / ¿a / cuán- / to l / a caca pastosa / de un maelström en alemania?… tu / excremento a- / necoico s-ulamita, / tu / cerebro / esquizoide m / argarita”.

 

G / 7

La banda cubana de escritores que participó de “Casa Tomada III” estuvo inclinada mayoritariamente hacia la narrativa, en general relatos hábiles teñidos de vida social que la memoria de los hablantes recompone. Pude compartir archivos con Jhortensia Espineta Osuna, escritora de Camagüey, según me dijo, la zona donde se habla el español más estricto de Cuba, el más arcano supongo. Los cuentos de su libro “Zona de exorcismo”, breves, precisos, encuadran territorios, más bien rurales, habitados por cuerpos-personajes en relación constante con otros cuerpos-personajes, familiares, casuales, amistosos. El cuento que da título al libro propone una desviación en la espera de un tren que nunca llega. ¿Es una desviación casual o una acción concertada por miradas cómplices? Lo casual envuelve como un rito  las suposiciones confirmadas, el pacto sexual queda sellado tanto por atracciones típicas, caderas, cabello, como por fijaciones extrañas, zapatos parchados o formas de echar humo. Zona de comunicación al mismo tiempo transparente y velada, gestualidad clara y distinta para un “polvo”* que prometía exhorcizar en algo la calentura y la miseria.

Otra chica que llamó la atención por su potencia narrativa fue Dazra Novak, quien leyó un fragmento de su novela “Making off”. La polifonía y fragmentación del relato me recordó “TTT” de Cabrera Infante, en la frescura del lenguaje y en la tarea de escenificar sinestésicamente La Habana. El libro tiene un premio y una edición en Cuba, año 2012. Su título alusivo a las bambalinas de la grabación técnica, al momento de la inoficialidad de las imágenes, me hizo pensar en la novela como ese arte desaforado que ha intentado hacer entrar la totalidad, previendo técnicas y afilando las subjetividades. En el caso de “Making of” la suma de fragmentos, según el hábil montaje que propone Novak, completa un friso de la vida en la isla contemporánea.

 

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*metáfora coloquial de “coito” en Chile.

 

8 / H

Cuando me tocó presentar, en una mesa junto a otros siete autores, dos personas llamaron mi atención: el veterano director de la Casa, Roberto Fernández Retamar, y un individuo cuya posición rompía levemente el orden de las sillas. Su rostro, cuando se acercó a saludar luego de la sesión, me impresionó por las dos esferas celestes y enrojecidas que eran sus ojos. Se trataba del poeta cubano Juan Carlos Flores. Con elocuencia lúcida y desorbitada señaló los aciertos y errores que según su opinión tenía mi trabajo y el de la brasileña Diana Araujo. Dijo que me faltaba contracción, que le había gustado mi lectura, pero que debía contraer. A la brasileña objetó el abandono de la lengua materna (escribe en español) y destacó algunas metáforas de su propuesta. Estas cosas que son interesantes de hablar entre escritores y no escritores, que son atractivas de parlar cuando la lengua, la memoria, los disfraces, la locura, son la materia que modulamos en la escritura y en la vida, Flores las estaba poniendo delante de la mesa, sin pausas, en el bar al que fuímos después de la lectura. Quería con toda mi imaginación comunicarme con ese ángel feroz que seguro venía de mil habanas caminadas y fumadas hasta el sueño. Pero no fue. Al poco rato Flores desaparecía de nuestra vista, impulsado por una especie de autonomía de la dignidad trastornada, llevándose consigo los inyectados faros celestes que prometían poesía. Más adelante pude leer un libro suyo, en una suculenta biblioteca de literatura cubana y latinoamericana en el centro Dulce María Loynaz, y de sus líneas salía una conciencia estricta de los versos, repitiendo y “contrayendo” ideas e imágenes.

 

I / 9

Antes de mi leyó el argentino Enzo Maqueira, a quien tampoco he podido leer como es debido (un cuento, un capítulo), con excepción de lo oído esa tarde y unas crónicas de viaje que encontré en su blog. Había una mujer colombiana en situación abyecta (drogas, maltrato, etc.) en la historia que presentó, metiéndole mano aún, según me dijo y comprobé por las moscas en el manuscrito, antes de leer. Nerviosismo. Después tocó el turno a Oliverio Coelho, argentino que había oído antes en una “mesa de reflexión”. Su decir pausado imantó la escucha sobre lo que perseguía. Al final de nuestra mesa nos saludamos e intercambiamos ejemplares. Su libro “Parte doméstico” (cuentos) ratificó esa impresión de línea pulida, en relatos que instalan con agilidad el mundo psíquico y físico de personajes enclaustrados en la urbe: una cita establecida por teléfono, un trabajo en la casa de una pareja desquiciada, el ofrecimiento de comprar el bienestar de una madre anciana a cambio de mirarla, el juego psicológico de una correspondencia falsa, etc. Seres raros que abundan en todas partes, sustancia de la moral concreta que vivimos.

En esta mesa también participó la poeta k’iche Rosa Chávez. Dos cosas muy bellas oí de Rosa. La primera fue que cuando algunos insectos aparecen cerca de uno, avejas, mariposas, por ejemplo, significa que nos visitan antepasados. La segunda fue que en la sociedad maya el oficio de poeta tiene un alto grado de valoración, es un maestro iniciador y debe estar a la altura de ese trabajo. Ella se estaba preparando para recibir esa categoría. Nos habló también de las atrocidades de la dictadura pasada en Guatemala, de la situación actual del país. Su poesía es el intento por incorporar el cruce entre lo contemporáneo y las tradiciones de esa tierra histórica y espiritual del continente.

Aquella larga mesa, donde estuvo también Amalia Boselli, Dazra Novak y Diana Araujo, fue cerrada por el poeta y gestor cultural cubano Yunier Riquenes, que leyó, entre otras cosas, los siguientes versos:

 

Si van a sostener los discursos que no sea con palabras, que sea con la boca cosida, con las manos amarradas, con las piernas lisiadas, con los ojos cerrados. Si van a sostener los discursos que se saquen el corazón con la punta de una piedra, que se abran el pecho. Si van a sostener los discursos, si acaso, los pueden sostener.

 

Fernández Retamar escuchó atentamente toda la mesa.

 

Rodrigo Landaeta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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