Biedermann habla sobre el encuentro Casa Tomada

 

Casa Tomada es un encuentro de escritores y artistas jóvenes que está organizado por Casa de las Américas en Cuba. La primera vez que se realizó fue en el año 1983. El segundo encuentro de jóvenes artistas latinoamericanos volvió a realizarse recién en 2009. En este 2013, del 17 al 20 de septiembre, se realizó el III Encuentro Casa Tomada, donde nuevamente hubo representantes de todos los puntos del continente. Juan Ramírez Biedermann, el músico y escritor nacional, fue invitado a participar de este encuentro. Recordemos que Ramírez Biedermann además de ser el líder de Sabaoth, bajo el pseudónimo de Zethyaz, lleva editados tres libros: “Nobis”, su primera obra, es una selección de relatos breves. Luego, en 2010, la editorial Altazor del Perú publica su primera novela, “El fondo de nadie”, y también “Plegaria de penumbras”, su segunda novela, al año siguiente. A continuación, Ramírez Biedermann nos cuenta la experiencia, como músico y escritor, que vivió en Cuba durante el pasado mes de septiembre.

La identidad del artista de América Latina

¿En qué consistió el encuentro Casa Tomada en Cuba?

Fue un espacio de reunión entre escritores y artistas jóvenes que organizó Casa de las Américas, en donde participaron más de treinta representantes de toda América Latina. Se habló de literatura, teatro, cine, de cuestiones editoriales, de difusión de las obras artísticas.

¿Cómo se dio tu ida a La Habana para participar de este encuentro?

Recibí una invitación de Casa de las Américas, y la acepté gustoso. Aunque nunca había estado en Cuba, obviamente conocía bastante de su prosa, fundamentalmente. Carpentier, Lezama, Arenas, Sarduy, son autores que aprecio mucho.

¿Cuáles fueron los principales temas que discutieron en este espacio?

Se habló mucho de las formas de expresión en los tiempos actuales, de los mecanismos de difusión y, sobre todo, de la identidad del artista de América Latina, de su manera de crecer sobre esa identidad. Creo que después de este encuentro se pueden abrir más posibilidades para un vínculo con Casa de las Américas, a fin de que otros artistas paraguayos puedan compartir su trabajo en la Isla. Ojalá sea así.

Del encuentro participaron jóvenes artistas y escritores de casi todo el continente, ¿cómo resultó la interacción entre todos ustedes?

Fue una experiencia fabulosa. La gente de Casa de las Américas (cálida, amable, afectuosa) realizó un trabajo encomiable, poniendo todo de sí, creando un espacio para que podamos interactuar entre los invitados y con artistas y gente cubana interesada en la literatura, el teatro, la música y el cine. En aquella semana pude conocer a escritores que están haciendo cosas notables, como Jorge Aguasaco (les recomiendo que lean su poema sobre los asesinatos de las mujeres de Juárez), Ezio Neyra del Perú; me volví a encontrar con mi amigo Enzo Maqueira de Argentina (les recomiendo el misticismo rioplatense de su novela Ruda Macho), con Oliverio Coelho, con quien había compartido la gira de Ediciones Altazor por el Perú, en el año 2010. Conocí a Iosi Havilio, al explosivo uruguayo Jorge Alfonso, al cineasta boricua Arí Maniel Cruz. Lastimosamente (estaba de viaje) no me senté a tomar un café con leche con el gran Jorge Enrique Lage (de los pocos habaneros que no toman ron), pero Jorge tuvo la lucidez de dejarme los datos de Ahmel Echevarría, otro excelente prosista cubano contemporáneo. Creo que Casa Tomada reafirma esa intención que tenemos los artistas de esta región, de vincularnos, de acercarnos, de ser conscientes de la necesidad de escucharnos, de compartirnos. Por último, quiero decir que Casa de las Américas me hizo sentir un especial interés por Paraguay, por conocer acerca de nuestra cultura, por involucrarse con la actualidad artística del país. Y eso realmente no tiene palabras de agradecimiento.

¿Cuál fue la conclusión a la que llegaron sobre la nueva literatura latinoamericana?

No se llegó a ninguna, y eso es lo importante. Cada cual posee una visión distinta y enérgica de cómo crear y de cómo difundir o tratar de hacer llegar su trabajo al resto del mundo. Creo que en esencia América Latina se trata de eso: diversidad, energía y vocación.

¿Existe la posibilidad de que alguna vez se repita el Boom  Latinoamericano?

Estoy convencido de que no se dará un fenómeno similar al del Boom Latinoamericano. Ojalá que no sea así. Sería lo peor que nos podría pasar. No necesitamos una o dos décadas en que el mundo nos observe bajo un spot o una lupa de asombro, para luego dejarnos de lado. Lo ideal sería ganarse un espacio permanente, sin necesidad de buscar indefectiblemente la aceptación o justificación o bendición de Europa y EEUU. No sé si funcionará, pero creo que vale la pena el intento.

¿Cuál fue tu percepción sobre la situación de la isla en los días que estuviste en Cuba?

Estuve casi exclusivamente en contacto con gente joven cubana que, como en cualquier parte del planeta, se muestra, inquieta, curiosa y deseosa de crecer como artistas y como personas.

Teniendo en cuenta tu rol de músico, ¿hubo espacios de discusión con respecto a la situación de la música en el continente?

Me invitaron a participar en un panel denominado Cruce musical, en el que se habló sobre la industria musical y la forma en que ésta interactúa o influye con la creación (ya sea académica o de bandas). En ese contexto hablé de mi experiencia en Sabaoth, una banda de un país con muy pocas oportunidades de difusión, que, de manera irreverente e irrespetuosa con esas limitaciones, logró que sus discos llegasen a Europa, Asia, EE.UU y América Latina. Hablé también de Les Illuminations, el disco conceptual de Sabaoth basado en los poetas malditos decimonónicos. Fue una mesa muy interesante, en la que conocí a gente de Colibrí, la disquera cubana, y a músicos de La Habana. En cuanto a la música de Cuba, es muy fácil advertir la escuela y las virtudes jazzísticas y percutivas de los músicos de la isla. En Casa de las Américas, en el marco de Casa Tomada, hubo un concierto a dos baterías que impactó a  los presentes.

¿Cuál fue la reacción de la gente al enterarse que sos guitarrista/vocalista de una
banda de black metal?

Muy favorable. Primeramente, el auditorio entendió que era un músico de heavy metal. Yo me encargué de hacerles conocer el hecho de que el Black Metal tenía esos componentes de contracultura (paintcorpse, quema de iglesias, etc) que lo han convertido en un género especial. La receptividad fue muy buena. Quién dice que el día de mañana Sabaoth no pueda sonar en la isla.

¿Se dio la oportunidad de poder difundir tus obras en la isla?

Pude hablar de mis novelas, y también participé de jornadas de lectura que, francamente, me impresionaron. Leí Los Pasares en la biblioteca de Casa de las Américas, ante un auditorio atento, curioso, silencioso en extremo. Fue una gran experiencia.

 

¿Planes futuros sobre una nueva obra literaria? ¿Ya tenés algo entre manos?

Estoy escribiendo una nueva novela que, por primera vez, tiene como tema central la música, mis vivencias y experiencias como músico y como fan. A diferencia de las anteriores, es una novela de más aliento, más voluminosa, lo cual implica un cambio en los tempos y en algunos recursos de estructura narrativa. ¡Espero culminarla en breve!

Por Roque Ramírez

Tomado de E’a, periódico de interpretación y análisis

 

 

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