Sin mapa o los “lugares” de la América Latina hoy

Casa Tomada 2013 ha iniciado esta mañana con un panel que sintetiza el espíritu de este III Encuentro. En una Sala Che Guevara dispuesta en sentido inusual, se ubicaron jóvenes que se desempeñan en distintos campos de la creación pero que convergieron, durante más de dos horas, en un intenso y diáfano debate sobre el rol de la juventud en esta hora de Latinoamérica: la de la “vuelta a la política” y la recolocación del continente en el mundo.

Sin mapa

Sin mapa

Durante mucho tiempo, los compositores latinoamericanos intentaron legitimarse frente a los europeos con esfuerzos que dejasen claro su “craft… ¿craft?”, repite Natalia Bieletto ante una sala llena de hispanohablantes. Igual que ella, hispanohablantes, pero menos “sensibles” al inglés que los mexicanos o los puertorriqueños como Arí Maniel, quien desde su silla, en la misma mesa, completa… “craft: oficio”.

Y todo quedó claro. Quizá, más claro.

Quien abrió el panel había deseado “buenos días” al auditorio; y al cierre, ya eran “buenas tardes”. Más de dos horas transcurrieron en lo que fue el primer panel de la jornada, y apenas en sus veinte minutos iniciales, la energía casi mítica de lo que fue Casa Tomada en 2009, ya se notaba.

Ahora mismo, escribo esta nota desde el segundo panel del día, ya a plena tarde. Frente a mí, todavía uno de los ponentes, el escritor argentino Oliverio Coelho, tiene en mente la intervención del puertorriqueño en la sesión de la mañana, y ante la preocupación de aquel por la ausencia de identidad latinoamericana en los boricuas, se cuestiona: “¿es esa una condición exclusiva de Puerto Rico?” Oliverio está ahora mismo hablando sobre la literatura joven en su país, y ha hilado su charla a partir de la certeza de que esa ausencia recorre, de una forma u otra, todo el continente.

Y es que cada uno de los jóvenes que integraron Sin mapa. La vuelta a la política y la recolocación del continente en el mundo, el panel inaugural de Casa Tomada 2013, sentaron esta mañana pautas, temas, coordenadas de análisis que van a ser repensadas, cuestionadas, refrendadas esta tarde y en los próximos cuatro días.

Arí Maniel Cruz, diáfano y franco, sin ambages; Enzo Maqueira, elocuente, crítico, preciso; Ezio Neyra, con una breve pero oportuna intervención; Tamara Roselló, segura de los puntos, las coincidencias y las coordenadas que atravesaban todo el debate; y Natalia Bieletto y Camila Scudeler, frente al desafío analítico que puede implicar el acercamiento a la sociedad desde la música y el teatro, hablaron de política, de ciudadanía, de implicación, de libertad. Convocaron al “continente”, pero lo hicieron desde sus lugares: sus lugares de nacimiento, sus países, y sus lugares de elección, los de la creación artística y literaria. Y el continente se vio.

Para Natalia, era esa la hora de repensarnos desde esta nueva geografía política, epistemológica y artística. Otra vez sentimos el “nosotros”, ese que nos guarda desde una de las paredes de la Sala en el mural de Raúl Martínez.

Ella habló desde lo que hace: “investigación musical o musicología, desde el pensamiento sobre música, desde su formación en el canon de la música clásica, desde su educación en Bach y en Beethoven y en la ideología del genio, desde el complejo de que los compositores latinoamericanos no están a la altura…” Pero habló también desde su tesis sobre las vanguardias musicales y la identidad nacional, desde sus estudios de geopolítica y de las relaciones centro-periferia en la música continental. Como los demás integrantes del panel, la mexicana no se ha conformado con una enseñanza, con un campo de estudios que le sea propio; más bien, es hija de un contexto social y político que convierte a la creación en una salida comunicacional y expresiva a preocupaciones y conflictos de ciudadanía.

Para Natalia, parte de la “recolocación política” que es posible percibir hoy en América Latina halla un correlato en la propia cartografía musical de la región: “se nota un interés por legitimarse desde presupuestos que no son la oposición al otro, la comparación con el otro. Eso ha sido liberador. Empezamos a hablar entre nosotros sobre la huella de la colonización en el pensamiento artístico y hasta la miramos con humor, de forma retrospectiva, y eso ha marcado un giro en la percepción de esa tragedia colonial”.

En esta Casa han tenido lugar muchos de esos giros. Eso lo sabe Enzo Maqueira, escritor argentino, cuando habla de política y literatura. Un argentino apasionado con Cortázar y Carpentier, presencias habituales de la Casa en los años “en que en que la América latina también estaba en el centro del mapa; años antes de la nada y del huracán neoliberal”. Para él, “justo ahora vamos recuperando esa posición”, pero ha sido “una recuperación difícil en el campo literario”.

Enzo ha sido, como los demás del panel, invitado a Casa Tomada no solo por la calidad de su ejercicio literario, sino además, por la agudeza de su trabajo como crítico, su capacidad para percibir relaciones y zonas del mapa literario y político de la región que resulta imposible desconocer. Integra la mesa de esta mañana, la primera del evento, porque lo supimos capaz de ello, y no nos equivocamos.

Le es difícil hablar de lo que es ser latinoamericanos hoy. Sus abuelos eran italianos, migrantes, y sabe que sus raíces son las del colonizado, pero también, las del colonizador. Admite que casi se desmaya cuando vio hoy, por primera vez, a Roberto Fernández Retamar, presidente de la Casa, a quien ha estudiado y leído y respetado en sus cartas a Cortázar, pero sabe que en su país hay quienes no vendrían, quienes no entenderían esa posición nunca. No estamos todos en una misma hora, no hemos hecho tanto”, dice. Y recuerda la sabiduría de una frase del Che donde “la victoria” es un camino que se construye “siempre”.

Nos cuenta que en Argentina, devuelta al campo político latinoamericano desde la crisis de 2001, el campo cultural tardó en recuperarse de la nada de los 90. Incluso a principios de los años dos mil, dice, había escritores haciendo su juego, buscando su fama y su éxito, con esa tendencia muy típica del intelectual del “fin de la historia”. Apenas algunos proyectos culturales y pequeñas editoriales “mantienen viva la literatura argentina”, explica, y cita a Eloísa Cartonera, un proyecto editorial que conocimos aquí en Casa Tomada 2009: “los cartones de la pobreza se hicieron literatura. Se fue recuperando no la industria editorial, porque eso sigue siendo un centro comercial en manos de dos o tres grupos españoles, pero sí, los proyectos colectivos, la publicación de obras a contra-tendencia del mercado”, añade, pero reconoce que “pasaron varios años sin que se viera una toma de conciencia política, en el campo literario argentino, que le hiciera honor a lo que estaba pasando desde 2003 en el país. Muchos de esos escritores ocupaban y ocupan aún los medios con un discurso del nihilismo”.

Desde hace al menos tres años, autores como Enzo han intentado ocupar esos espacios, sin desplazarlos. Ocuparlos, o tomarlos, cabría decir, “con el convencimiento de que la literatura es también compromiso y de que el escritor es también ciudadano”.

Durante años, dice, Cortázar dejó de estar de moda en Argentina porque “escribía demasiado lindo, y se le remplazó por literaturas europeas. Apenas Bolaño se salvó”. Y es una moda que “ha ido cambiando. Se ha ido recuperando el barroco latinoamericano y el realismo mágico. La política ha ido modificando desde fuera el campo literario, pero el escritor ahora se implica, implica su individualidad, y eso hace que la modificación sea más profunda”.

Pero otra vez: “no hemos ganado nada. El camino hasta la victoria está ahí, siempre”.

A su lado, Camila Scudeler, actriz brasileña, lo sabe muy bien. De hecho, la hemos visto asentir a cada palabra de Enzo que implique sospecha, inconformidad ante lo hecho.

Viene ella del “gigante latinoamericano”. De ese que ha sido dibujado varias veces en caricaturas de frente a Europa, de espaldas a la América Latina y con un brazo tendido sobre Estados Unidos. De ese que “se veía perfecto, maravilloso, hasta el pasado junio, cuando su juventud ha salido a la calle”. Cierto que “han ocurrido cambios importantes desde Lula”, dice Camila, pero “la condición mínima de vida digna ha sido puesta en cuestión”.  Y de ese Brasil llega ella a Casa Tomada.

Para la actriz brasileña es novedoso que desde ese, su lugar, se genere un pensamiento en torno a la pertenencia latinoamericana, y aún más, que se les vea como tal desde fuera. Les han dicho que no pertenecen a este continente, que son una rara avis de otra lengua. Pero el español de Camila es perfecto.

Trabaja ella en una oficina para poder dedicarse al teatro. No se vive del teatro en Brasil, dice Camila, y ella, además de actuar, coordina una muestra de teatro latinoamericano. La herejía es completa. Ninguna universidad de artes escénicas de su país enseña historia o teatro latinoamericano, asegura. El teatro es política, resume, y asegura que solo desde ese convencimiento se comprenden estas y otras contradicciones.

Tampoco a los puertorriqueños se les educa como latinoamericanos, dice Arí Maniel. El cineasta es boricua, vive entre Puerto Rico y Nueva York, pero su nombre es de origen indígena. Sus padres lo eligieron, cuenta, en un intento por reconectar con sus raíces. Desde ese lugar habla ahora. El director de Under my nails no ha dicho tres palabras y ya tiene la atención, y el respeto, de toda la Sala Che Guevara.

El título de este panel le viene como anillo al dedo. Le dice mucho, y quizá más que a los otros jóvenes que le acompañan en la mesa. Sin mapa es un documental que habla de Calle 13 y de su propuesta política para Puerto Rico, y Arí Maniel Cruz es “hijo de esa misma plataforma política”, dice. Pero se sabe parte de una minoría. De hecho, aunque el título del panel le corresponda, se siente “extraño en su propia tierra” cuando habla de América Latina.

Como puertorriqueño, “Latinoamérica es una utopía social, intelectual. Que nuestros tomates sepan a plástico y no a fruta, como en otras tierras del continente, hace que Latinoamérica nos sea hasta una utopía alimenticia. Una utopía del idioma. Y todo eso, una utopía política”.

Los puertorriqueños somos la tragedia colonial en persona, dice el cineasta. “Soy dos veces hijo de colonia: de la que me vio nacer y de la que escogí, el cine”; el cine “que antes que arte, fue industria. Y como artista y ciudadano, mi conciencia política es la de la música popular, y más recientemente, la de la literatura; pero los puertorriqueños no leen, no piensan lo que escuchan, y eso hace más efectivo el sistema. Ya ven que en mi país, sentirse parte de América Latina es un acto de desobediencia”.

Para Ezio Neyra, esa desobediencia debe reconocerse, también, en la conciliación. Nos recuerda que Latinoamérica es el mundo, que se ha construido con influencias foráneas y que ha influido ella misma en otras regiones: “baste ver al modernismo latinoamericano revolucionando la literatura española en el XIX”, dice.

Él mismo no es solamente peruano. Es heredero de ese 15% de ascendencia china en Perú. Se siente latinoamericano en Nueva York, en las grandes ciudades de los Estados Unidos, y piensa que “el futuro de Latinoamérica hemos de verlo no en ‘enemigos’ que nos definan como región, sino en la incorporación de todas las culturas que nos constituyen como tal, como hicieron Martí y Arguedas. Nuestro mestizaje es condición de autonomía, fuente y espacio de nuestra legitimidad”.

Coincide Tamara en ello, y se atreve a definir un pequeño grupo de palabras esenciales que marcan el momento actual de América Latina o el espíritu de esta época nuestra-americana. Palabras que encierran gestos, sucesos, contradicciones, momentos de esperanza y frustraciones, de aciertos y de errores; puntos cardinales que atraviesan la vida de la mayoría de quienes habitamos esta parte del mundo, física y espiritualmente.

“Me atrevo a listar algunas de esas palabras clave que de seguro hemos oído ya en Casa y que volverán a rondarnos durante estos días de `toma colectiva`”, dice: soberanía e integración, reivindicación y justicia social/ambiental, movilizaciones populares y cambios sociales, participación y democracia. Y la comunicación como un eje que lo atraviesa todo”, dice, poniendo sobre la mesa las relaciones entre movimientos sociales y comunicación, una de las novedades en la agenda de Casa Tomada y que ha estado, además, en el concepto de la propia imagen del evento.

Termino de escribir esta nota, de reseñar ese primer momento de Casa Tomada 2013.

El tiempo de Oliverio ha terminado ya, y yo no he podido entregar esta nota en el tiempo que la urgencia del periodismo requiere. No puedo dejar de escuchar cada intervención.  Y ahora mismo se proyecta, en la Sala Galich de la Casa, videos resultantes de la plataforma Nuevas Realidades Videopolíticas, una cartografía de la creación audiovisual latinoamericana que le toma el pulso a la participación política y ciudadana, a las nuevas formas de empoderamiento y comunicación por parte de los jóvenes.

Enzo, Natalia, Camila, Arí Maniel, Ezio y Tamara marcaron el arranque. El continente se ha seguido viendo desde la Casa, nuestro lugar por estos cuatro días.

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